Traumatismo se define como la lesión de un órgano o tejido por acciones mecánicas externas. El traumatismo renal representa aproximadamente entre el 1-5% de todos los traumatismos abdominales.
Es una lesión común en el politraumatizado a la que se enfrenta el cirujano de guardia. Por orden de frecuencia, y en referencia al aparato genitourinario, el órgano más frecuentemente dañado es el riñón, seguido por la vejiga, uretra, testículo y uréteres. La incidencia es mayor en hombres respecto a mujeres con una relación 3:1.
Traumatismo abierto:
Traumatismo cerrado:
Mecanismo directo: trauma sobre pared abdominal.
Mecanismo indirecto: caída sobre los pies o sentado desde cierta altura.
Factor predisponente: existencia de patología previa (hidronefrosis, tumor).
La lesión renal provoca extravasación de sangre hacia la vía urinaria, y de sangre y orina hacia el espacio perirrenal y retroperitoneo (generando hematuria y urohematoma). La magnitud y tipo de la lesión darán lugar a una menor o mayor intensidad de estas dos manifestaciones fundamentales.
Los traumatismos renales pueden formar parte de un cuadro de politraumatismos, donde otras manifestaciones como el estado de shock, dolores por fracturas, pérdida del conocimiento u otras, desvíen la atención del médico. Si junto a estos síntomas hay un trauma renal, la hematuria estará siempre presente, en forma evidente o microscópica (sedimento de orina).