Las lesiones vesicales traumáticas, ya sean consecuencia de un traumatismo cerrado o penetrante, son poco frecuentes, representando un 3% de todos los traumatismos abdominales y sólo un 2% de los traumatismos que requieren cirugía.
Rotura vesical:
Lesión extraperitoneal (o desgarro): 75%. Puede ser por fractura de: ramas pubianas, anillo pélvico, conminutas, acetabular. A mayor lesión pélvica, mayor lesión vesical. Se puede producir una lesión por arrancamiento o avulsión de ligamentos, o por penetración de fragmentos óseos.
Lesión intraperitoneal (o estallido): 25%. Por traumatismo directo sobre la vejiga. Cuando la vejiga está llena, un elemento contundente que impacte sobre el abdomen inferior puede producir un brusco aumento de la presión endovesical que producirá una rotura o estallido de su cara superior -intraperitoneal- con extravasación de orina al saco peritoneal y la evolución hacia una peritonitis urinosa de desarrollo tardío (48 a 72 horas).
Las lesiones intravesicales producidas por sondas o instrumental endoscópico pueden provocar desde leves contusiones de la mucosa vesical a perforaciones de su pared, extra o intraperitoneales, estas últimas complicadas con lesiones de vísceras huecas. Como cualquier otro órgano, puede sufrir heridas penetrantes externas de cualquier índole (punzantes, cortantes o contusas), pudiendo, en estos casos, causar lesiones intra y/o extraperitoneales.
Lesiones menores:
Lesiones mayores:
Debe sospecharse una lesión vesical en todos los pacientes con traumatismo abdominal y proceder a descartarla en los casos en que exista fractura pelviana.