Es necesario palpar los distintos relieves óseos: crestas ilíacas, trocánter mayor, sínfisis púbica, oblicuidad pélvica y tuberosidades isquiáticas. Reconocer el triángulo de Scarpa y el paquete vasculonervioso que allí se dispone (“de las bolas VAN”), palpando el pulso de la arteria femoral; y el surco isquiotrocantérico por donde trascurre el nervio ciático (ciático mayor).


La cadera es una enartrosis, y como tal, permite realizar movimientos en todos los planos de deslizamiento. Sin embargo, al ser una articulación de apoyo, la amplitud de movimientos se encuentra más limitada que en el hombro, para lograr mayor estabilidad. La movilidad está restringida por la forma de las superficies articulares enfrentadas, la cápsula articular y los ligamentos.
Los movimientos deben ser explorados en forma activa y pasiva: flexión, extensión, rotación interna, rotación externa, aducción, abducción y circunducción. A su vez deberá evaluarse la fuerza muscular en cada uno de los movimientos oponiendo resistencia.



El paciente en decúbito dorsal con la pelvis nivelada y perpendicular al tronco. El examinador coloca una mano debajo de la ensilladura lumbar y con la otra flexiona la cadera. Se “aplana” la lordosis lumbar y se considera positiva si el paciente flexiona la cadera extendida → muestra actitud viciosa en flexión.

Evalúa la insuficiencia del glúteo medio. Se realiza con el paciente de pie y se le solicita que se apoye en uno de los miembros y eleve el otro flexionando la cadera y la rodilla. El observador, situado detrás del paciente, debe determinar si la cadera permanece nivelada o si se hace oblicua (descenso del pliegue glúteo del lado del miembro elevado).

Debe realizarse en el recién nacido para diagnosticar una luxación congénita de cadera. Se trata de una maniobra palpable (a veces audible) donde se pone en evidencia el resalto de la cabeza femoral al colocar los miembros en flexoabducción y desplazar la cabeza del fémur hacia delante con los dedos del examinador colocados por detrás.
