La lesión del ligamento cruzado anterior es muy frecuente en deportistas por un mecanismo de TORSIÓN (rotación sobre la tibia) + VALGO + MOVIMIENTO DE FLEXIÓN A EXTENSIÓN (pie fijado en el suelo y el peso corporal orientado hacia la rodilla) + ALTA ENERGÍA.

Las mujeres están más predispuestas a este tipo de lesiones por su contextura física, menor fuerza muscular y estímulos hormonales influyentes.

Se manifiesta por dolor intenso en la articulación acompañado de derrame articular (hemartrosis) y sensación de inestabilidad articular. Esto último persiste con el correr del tiempo y el paciente lo manifiesta como una sensación de que la rodilla “se le zafa”.

Las maniobras específicas son positivas, siendo la prueba de Lachman la de mayor sensibilidad.

En la RMN pueden evidenciarse signos directos e indirectos:

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La RX permite, a su vez, observar otras fracturas asociadas, signos de artrosis o desviaciones del eje.

El tratamiento de la lesión estable del LCA consiste en rehabilitación con kinesiología. La inestabilidad que produce la insuficiencia del LCA que no es compensada con tratamiento kinésico, debe ser tratada quirúrgicamente mediante procedimientos estabilizadores → reconstrucción con autoinjertos (fascia lata, semitendinoso, grácil, tendón rotuliano), aloinjertos o materiales sintéticos. Estos últimos no suelen arrojar buenos resultados.

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