La sexualidad es el conjunto de atributos físicos, psicológicos, funcionales, sociales y culturales que identifican al propio sexo y su comportamiento sexual, estén relacionados o no con los órganos sexuales o la procreación. En la década de 1980 se promovió el concepto de "respuesta sexual trifásica" (libido, excitación y orgasmo), cuyo modelo facilitó la comprensión de la conducta sexual humana normal y patológica:
Con frecuencia nos referimos al cerebro como el principal órgano sexual, porque allí se encuentran los centros neurológicos de la libido, responsables primarios del control de la sexualidad humana. Varios núcleos nerviosos en las áreas frontal, temporal y algunos de la base del cerebro (en las regiones preóptica, límbica y olfatoria, gyrus cingulado, tálamo, hipotálamo, etc.), serían los encargados de regular el comportamiento sexual de las personas. Estos centros cerebrales tienen conexiones con otras áreas del SNC que participan en la vida de relación (memoria, dolor, placer, fantasías, etc.), con los centros neurológicos de los órganos de los sentidos (vista, oído, tacto, gusto y olfato), etc., desde donde reciben información y a su vez proyectan sus estímulos (facilitadores o inhibitorios de la respuesta sexual) sobre los centros neuronales inferiores (de la médula espinal), los órganos genitales y el resto de la economía. Los estímulos sexuales que dan origen a la erección están regulados por el sistema nervioso central y actúan por tres mecanismos diferentes:
Además del sistema nervioso central y periférico y del aparato vascular, los testículos sintetizan testosterona, hormona que es esencial para el desempeño de una sexualidad normal en los seres humanos, por vía de su influencia sobre los centros de la libido y el aparato genital (en hombres y mujeres).
Además de las estructuras psicológicas y orgánicas que modulan el comportamiento sexual de las personas, el medio ambiente en el cual se desarrollan también produce influencias culturales, sociales, religiosas, etc. capaces de modificar la respuesta sexual.
Es “la incapacidad parcial o total del hombre para alcanzar y/o mantener una erección con rigidez suficiente, que le permita completar una relación sexual satisfactoria”. El término se restringe a la capacidad de la erección del pene y no incluye trastornos del deseo sexual, la eyaculación o el orgasmo.
Si bien la magnitud del problema no está claramente definida, todos los estudios publicados coinciden en señalar que la impotencia sexual masculina es una “enfermedad edad-dependiente”. Poco común en los hombres menores de 40 años y muy frecuente a partir de los 60 o 70 años.
Reconoce dos grandes causas primarias:
Factores orgánicos (80%). La presencia de causas orgánicas responsables no excluye la participación de los componentes psicológicos asociados, que generalmente la acompañan. Las enfermedades orgánicas responsables de la disfunción sexual eréctil, observadas con mayor frecuencia son:
DSE vasculogénica: para la erección se requieren un adecuado flujo arterial y un eficiente mecanismo venooclusivo, por lo tanto, podemos tener tanto DE arteriogénica y DE venogénica (fracasa el mecanismo venooclusivo; la sangre no puede ser retenida).