La sexualidad es el conjunto de atributos físicos, psicológicos, funcionales, sociales y culturales que identifican al propio sexo y su comportamiento sexual, estén relacionados o no con los órganos sexuales o la procreación. En la década de 1980 se promovió el concepto de "respuesta sexual trifásica" (libido, excitación y orgasmo), cuyo modelo facilitó la comprensión de la conducta sexual humana normal y patológica:

  1. Libido o deseo sexual: expresado como el apetito o impulso, originado en el cerebro que regula el comportamiento sexual.
  2. Fase de excitación sexual: que se manifiesta por los cambios hemo-dinámicos generales y la erección en el varón.
  3. Fase orgásmica: representa la etapa más placentera (de ambos sexos) pero en el varón se acompaña con la eyaculación seminal.

Con frecuencia nos referimos al cerebro como el principal órgano sexual, porque allí se encuentran los centros neurológicos de la libido, responsables primarios del control de la sexualidad humana. Varios núcleos nerviosos en las áreas frontal, temporal y algunos de la base del cerebro (en las regiones preóptica, límbica y olfatoria, gyrus cingulado, tálamo, hipotálamo, etc.), serían los encargados de regular el comportamiento sexual de las personas. Estos centros cerebrales tienen conexiones con otras áreas del SNC que participan en la vida de relación (memoria, dolor, placer, fantasías, etc.), con los centros neurológicos de los órganos de los sentidos (vista, oído, tacto, gusto y olfato), etc., desde donde reciben información y a su vez proyectan sus estímulos (facilitadores o inhibitorios de la respuesta sexual) sobre los centros neuronales inferiores (de la médula espinal), los órganos genitales y el resto de la economía. Los estímulos sexuales que dan origen a la erección están regulados por el sistema nervioso central y actúan por tres mecanismos diferentes:

  1. En la erección psicógena los impulsos nacen en el SNC, mediante pensamientos, fantasías o estímulos sensoriales con contenido erótico.
  2. En la erección refleja los estímulos se inician en el área genital y se transmiten a los centros espinales de la erección (S2 -S4) y luego núcleos encefálicos.
  3. En las erecciones nocturnas, estos se originan en el mesencéfalo y son parte de la respuesta fisiológica del varón, durante los períodos de sueño REM.

Además del sistema nervioso central y periférico y del aparato vascular, los testículos sintetizan testosterona, hormona que es esencial para el desempeño de una sexualidad normal en los seres humanos, por vía de su influencia sobre los centros de la libido y el aparato genital (en hombres y mujeres).

Además de las estructuras psicológicas y orgánicas que modulan el comportamiento sexual de las personas, el medio ambiente en el cual se desarrollan también produce influencias culturales, sociales, religiosas, etc. capaces de modificar la respuesta sexual.

Disfunción sexual eréctil o impotencia

Es “la incapacidad parcial o total del hombre para alcanzar y/o mantener una erección con rigidez suficiente, que le permita completar una relación sexual satisfactoria”. El término se restringe a la capacidad de la erección del pene y no incluye trastornos del deseo sexual, la eyaculación o el orgasmo.

Si bien la magnitud del problema no está claramente definida, todos los estudios publicados coinciden en señalar que la impotencia sexual masculina es una “enfermedad edad-dependiente”. Poco común en los hombres menores de 40 años y muy frecuente a partir de los 60 o 70 años.

  1. Disfunción eréctil.
  2. Disfunción eyaculatoria: derivar al psicólogo especialista en medicina sexual.
    1. Eyaculación inhibida.
    2. Eyaculación precoz (ISRS).

Etiología de las disfunciones sexuales eréctiles

Reconoce dos grandes causas primarias:

Factores orgánicos (80%). La presencia de causas orgánicas responsables no excluye la participación de los componentes psicológicos asociados, que generalmente la acompañan. Las enfermedades orgánicas responsables de la disfunción sexual eréctil, observadas con mayor frecuencia son:

DSE vasculogénica: para la erección se requieren un adecuado flujo arterial y un eficiente mecanismo venooclusivo, por lo tanto, podemos tener tanto DE arteriogénica y DE venogénica (fracasa el mecanismo venooclusivo; la sangre no puede ser retenida).